• Los tests psicológicos son utilizados en diferentes ámbitos para evaluar la habilidad, la personalidad y el comportamiento de las personas. Un test se puede utilizar como parte de un proceso de selección en entrevistas laborales, para evaluar el desempeño de los niños en la escuela o de delincuentes en prisión.

    Existen básicamente dos tipos de tests psicológicos: Tests de habilidad o aptitud, conocidos como medidas de rendimiento máximo, y aquellos diseñados para evaluar las capacidades personales, tales como personalidad, creencias, valores e intereses. Estos son conocidos como medidas de rendimiento típico o promedio.

    Específicamente, los certificados de aptitud psicológica, conocidos comúnmente como “aptos psicológicos”, son emitidos exclusivamente por profesionales de la Psicología y confirman que la persona que lo obtiene se encuentra calificada psicológicamente para realizar las tareas por las cuales el certificado es requerido, a la fecha de emisión de tal certificado. Por este motivo, es usual que periódicamente, cada cierto tiempo, la evaluación y certificación deba volver a realizarse, según lo requiera la entidad solicitante.

    Para obtener el certificado de aptitud psicológica se le realiza a la persona que lo solicita una evaluación diagnóstica. Los resultados de estas pruebas permitirán elaborar el perfil del sujeto y el correspondiente apto o no psicológico.

    Se extienden certificados de aptitud psicológica, por ejemplo, para:

    • Ingreso a universidades o institutos de estudio.
    • Puestos laborales.
    • Portación y tenencia de armas de fuego (RENAR).
    • Intervenciones quirúrgicas.
    • Etc.

    Psicóloga Pamela Arriola

    Turnos: 341-596-7629

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  • Nuevas Tecnologías 22.12.2019

    Nota Revista RumbosNota publicada en la Revista Rumbos, del Grupo de Revistas de La Nación, número 404 del 21 y 22 de mayo de 2011. Clic en la imagen para agrandar.

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  • Adolescencia 15.11.2019

    La juventud sabe lo que no quiere, antes de saber lo que quiere. – Jean Cocteau (1889-1963); escritor francés.

    Antes de empezar a desarrollar lo que se entiende desde la psicología por adolescencia, debemos tener en cuenta que todos los adultos hemos pasado por esta difícil etapa de nuestra vida, en la cual nuestro camino estaba plagado de incertidumbres, interrogantes y angustias.

    Todos los que pasamos por esa etapa de la vida nos hemos sentido incomprendidos, incapaces de sostenernos solos y con la inmensa necesidad de salir y querer llevarnos el mundo por delante, aventurarnos con las escasas herramientas que construimos a través de nuestra joven historia.

    “¿Quién los entiende?”, “Antes no éramos así”, “La juventud de ahora está perdida”. Estos son algunos de los interrogantes y afirmaciones que plantean los padres de los adolescentes de hoy. La preocupación es tal que los lleva a intentar soluciones mágicas para evadir algo que todo sujeto debe transitar y tramitar psíquicamente a su manera y con las herramientas que tenga a su alcance.

    Se define a la adolescencia como esa etapa de la vida cuyo principal proceso de construcción es la identidad, lo cual no es nada fácil. Es un estado conflictivo del individuo en relación con sus padres y con otros representantes de la autoridad, estado de máxima conmoción, de metamorfosis y de transformación del sujeto. Es el momento en el cual ese niño se despierta de forma traumática viviendo cambios hormonales, físicos y psíquicos que no logra entender del todo.

    Se plantea la pregunta por la identidad ¿Quién soy yo? Aquí entra en contradicción lo que los padres dicen que es y lo que el adolescente siente, que usualmente no es lo que los padres dicen; así se inicia la búsqueda de la respuesta a ese gran interrogante por la identidad. Parte de este recorrido contiene la conformación de la identidad tanto personal como también vocacional-profesional.

    ¿Cómo me veo hoy? A partir de este interrogante podemos vislumbrar los miedos, deseos e inquietudes que tiene el adolescente en cuanto a su futuro, cómo se proyecta, sobre qué base funda su deseo, etc.

    ¿Qué quiero ser?, ¿Qué quiero hacer? Estos interrogantes abren la puerta al imaginario, cómo este joven se ve en su futuro, siendo esto, aquello o haciendo tal o cual cosa.

    A partir de estos interrogantes se inicia la difícil tarea de reconocerse, en este tránsito el adolescente va a “duelar” al niño idealizado de los padres para ir construyendo su propia identidad, pero ya no a partir de los ideales paternos, sino que esta vez comienza a mirar hacia fuera. Los ideales de la infancia que en un momento le sirvieron de sostén son cruelmente cuestionados. Esto es lo que tanto angustia a los padres y adultos en general.

    En este camino el joven debe encontrar su “yo”, que ya no es más el que sus padres depositaron en él cuando era pequeño, sino que a través de un proceso de idealización irá identificándose y construyendo su ideal del yo. Esto significa hacer una elección de vida nueva, ya no es más “mi mamá quiere que sea doctor”; aquí es cuando debería escucharse “yo quiero ser…”. En ese “yo quiero” está la pasión por hacer tal o cual cosa, orientarse por una profesión, trabajar, querer construir su propia familia.

    Cuando el joven realiza esta elección lo que realmente está logrando es fundar un nuevo deseo, palpable por ejemplo cuando los escuchamos decir: Soy músico de alma, esto me llena, mi trabajo es mi pasión, es más fuerte que yo, estudio medicina porque quiero ayudar a las personas, me veo como profesional, sueño con ser así, etc.

    Lo que se ha planteado hasta aquí es la salida normal adolescente, construir una nueva forma de vida que sea particularmente satisfactoria, lo que no quiere decir que sea satisfactoria también para su grupo familiar. No siempre nos topamos con esta salida, el “ideal del yo” que hemos mencionado está orientado por el padre. Durante los últimos tiempos hemos visto decaer la autoridad paterna, lo cual se deduce de la crisis de las instituciones y de otros malestares culturales, en los cuales la función paterna aparece desgastada, ridiculizada y hasta ausente; así, al aparecer la función paterna en falla, se dificulta el trabajo de búsqueda del sujeto en encontrar un ideal para su yo.

    Tal función paterna debería haberle servido de base para su búsqueda y donar al niño los emblemas simbólicos necesarios para que, una vez convertido en adolescente, pudiese construir sus propias herramientas para hacer frente a su realidad.

    Cuando este proceso subjetivo no encuentra resolución aparece el síntoma, palabra que paraliza, pero el síntoma es la forma más directa que encuentra nuestro psiquismo para decir basta; lo que el sujeto no puede poner en palabras lo actúa (no debemos confundir síntoma con patología). En otro apartado aclararé cuáles son las patologías propias de la adolescencia.

    Desde el trabajo profesional psicológico no se puede plantear la restauración de la figura paterna para ayudar al adolescente, lo que sí podemos hacer es apostar al recurso que trae cada sujeto y esa herramienta es su síntoma. Cuando un adolescente no encuentra una salida a su problema aparece el síntoma en su ayuda, para ponerle un tope al goce y plantear el interrogante que lo llevará a golpear la puerta de un analista.

    Allí se podrá descifrar el interrogante del síntoma, porque es a partir del análisis que el sujeto encuentra las razones de lo que le pasa y de lo que desea hacer con su vida.

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  • Inicialmente es de suma importancia rescatar la concepción de bebé desde la cual se hablará: Se concibe al bebé como un individuo puramente activo, partícipe de la interacción, no es aquí sólo receptor por el hecho que su lenguaje no sea oral, sino todo lo contrario. El lenguaje que pone en juego la interacción no es solamente oral, el bebé no habla pero sí emite sonidos, se da así entre la madre y el bebé lo que se llama protoconversación; es la conversación de un niño y su madre, teniendo en cuenta la correlación entre las actitudes musculares del niño y la madre, las entonaciones, los turnos de emisión de sonidos, etc.

    El estudio del desarrollo temprano es importante ya que nos brinda la posibilidad de entender las primeras interacciones del bebé, a partir de poder comprender el proceso de subjetivación que se produce en el seno de estos intercambios, teniendo en cuenta la aportación tanto de lo biológico como de lo social.

    Es de suma importancia abordar el proceso de interacción entre la madre y su bebé, proceso que con posterioridad dará lugar a la estructuración subjetiva del psiquismo del niño. Según Brazelton, el embarazo da lugar al nacimiento del vínculo entre el bebé y sus padres, luego con el nacimiento de ese bebé este vínculo se va a ir construyendo sobre relaciones que se han ido gestándose previamente, juntándose así tres bebés:

    • El hijo imaginario que fue pensado y fantaseado.
    • El feto aún no visible, pero real.
    • El bebé real que pueden oír, tocar y sentir.

    El rol del padre presente es de sostén para la madre y de vehículo para posibilitar la inserción del nuevo integrante a la diada parental.

    Con el nacimiento del bebé, en los padres se reactualizan sus propias historias de vida como niños y las relaciones que llevaron con sus propios padres. Todas las interpretaciones subjetivas que estos padres realizan acerca del bebé son construidas a partir de vivencias originadas en su infancia.

    Daniel Stern basó sus estudios en el proceso de reciprocidad que se da en interacción madre-lactante; este tipo de interacción es dada cara a cara. Cuando la interacción es lúdica entre la madre y el lactante, la madre no tiene ninguna tarea por realizar (cambio de pañales, alimentación, etc.) ni tampoco sus pensamientos están ocupados en qué tareas tiene que realizar, no hay planificación alguna, todo se da de forma espontánea, la meta principal de la interacción lúdica es divertir, interesar y procurar placer al otro, no hay otra finalidad que estar juntos.

    Entre madre-lactante existe una sincronía relacional, ya que esta interacción cara a cara se apoya en un sistema de feedback o retroalimentación mutua, donde existen umbrales que determinan el nivel y amplitud de tolerancia de la excitación, estos umbrales dan la posibilidad que tanto madre como lactante tengan un rango para poder diferenciar si se sobrepasa el nivel de tolerancia y se llega a una hiperestimulación, o si el nivel ha descendido por debajo del umbral y se da una hipoestimulación.

    La mayoría de las sesiones de juego pasan por periodos de excitación-tranquilidad, antes de recomenzar el próximo ciclo de intensificación y aminoración.

    Madre-lactante intentan un constante ajuste para lograr el nivel óptimo de excitación. Durante la interacción existen constantes reajustes de sus comportamientos para poder sostener este margen óptimo; cuando este es logrado se da la sincronía relacional y se puede decir que madre e hijo danzan al unísono. Entre madre-lactante se establecen pautas diádicas que constituyen los márgenes para lograr que la interacción se dé en intervalos óptimos.

    Cuando la madre no respeta las pautas de su bebé, se da lo que se llama hiperestimulación, la madre sobrepasa los niveles de excitación, excede el nivel de tolerancia del niño obligándolo a realizar alguna maniobra forzosa de copia o adaptación, para evitar o corregir la situación o para señalar a la madre que altere el ambiente inmediato de estímulo. La madre debe ser capaz de leer estas señales en su bebé y poder ajustarse a la situación de su hijo.

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  • Hay que tener en cuenta que tanto la anorexia como la bulimia forman parte de lo que en psicología se han dado en llamar patologías de la época. Hoy en día nos encontramos en la clínica con pacientes que padecen distintos trastornos asociados a la conducta alimentaria: obesidad, bulimia, anorexia entre otros; ninguno de ellos es más importante que el otro y todos tienen su connotación tanto sociocultural como emocional.

    En el trastorno bulímico intervienen factores biológicos, sociales y psicológicos que desvirtúan la visión que la persona tiene de sí misma.

    Algunos de los factores que encontramos en la bulimia coinciden con los de la anorexia, como: los trastornos afectivos surgidos en el seno familiar, en algunos casos el abuso de drogas, la obesidad, la diabetes. Así como también determinados rasgos de la personalidad: las ideas distorsionadas del propio cuerpo y la baja autoestima.

    El paciente con bulimia nerviosa es incapaz de dominar sus impulsos de comer, pero el sentimiento de culpa y vergüenza después de ingerir grandes cantidades de comida lo lleva a utilizar conductas compensatorias (inducción de vómitos, uso excesivo de laxantes, diuréticos, enemas) o realizar regímenes rigurosos o ejercicio excesivo para contrarrestar los efectos del atracón de comida y así evitar engordar. La persona sufre un miedo intenso a engordar.

    No hay que confundir lo que es anorexia nerviosa con bulimia nerviosa; una de las características propias de la bulimia nerviosa es que no hay un peso bajo anormal, la persona se mantiene dentro de los limites de peso normal, lo que sí hay es una distorsión nociva de la imagen corporal. Los sujetos construimos nuestra imagen corporal (figura, forma y tamaño) a partir de nuestra historia, nuestra cultura y cómo vivimos lo social, esta imagen corporal es una representación mental inconsciente.

    Existen según los criterios diagnósticos del D.S.M. IV dos subtipos de bulimia nerviosa:

    Subtipo purgativo: En este la persona se provoca regularmente el vómito o usa laxantes, diuréticos o enemas en exceso.

    Subtipo no purgativo: Compensa los atracones con ayunos, ejercicio excesivo, pero no recurre al vómito, ni laxantes, ni diuréticos, ni enemas.

    Síntomas de la Bulimia Nerviosa

    1. Episodios recurrentes de atracones de comida.
    2. Sensación de pérdida del dominio de la ingesta durante los atracones de comida.
    3. Uso regular de conductas compensatorias, dietas estrictas, ayunos, ejercicio muy enérgico para evitar el aumento de peso.
    4. Un mínimo de dos episodios de atracón de comida a la semana durante al menos tres meses.
    5. Preocupación exagerada por la figura y el peso corporal. Las personas con bulimia están continuamente obsesionadas por su aspecto y trabajan duro para ser lo más atractivas posibles.
    6. Antecedentes de dietas frecuentes. En su gran mayoría las personas que desarrollan bulimia nerviosa tienen en su historial varios intentos de controlar su peso.
    7. Síntomas de depresión. Incluyen pensamientos melancólicos o pesimistas, poca tolerancia a la frustración, ideas recurrentes de suicidio, escasa capacidad de concentración e irritabilidad creciente.
    8. Excesivo temor a engordar. Pánico a engordar.
    9. Comer en secreto o lo más inadvertidamente posible.
    10. Mantenimiento de un estándar normal mínimo de peso. A diferencia de la anorexia, las personas bulímicas no tienen una figura demacrada.

    Hay que tener en cuenta que las causas de este problema son múltiples. Este trastorno puede aparecer a cualquier edad y repetirse en diferentes momentos de la vida; las recaídas están asociadas a situaciones traumáticas de la vida del sujeto (separación de la familia por razones de estudio o trabajo, divorcios, pérdida de un ser querido).

    Las altas demandas familiares y sociales llevan a que se generen experiencias de rechazo social, baja autoestima y se atribuye el fracaso al sobrepeso. Así, la poca tolerancia a la frustración, el medir si se es más o menos feliz por el peso corporal, los modelos identificatorios errados y la presión por no fallar llevan al sujeto a estar inmerso en un ciclo destructivo que comienza con la presión por ser delgado.

    Por desgracia los jóvenes diariamente tienen la constatación a partir de los medios masivos de comunicación que en nuestra cultura la delgadez se considera un requisito para el éxito.

    Cuando en la consulta clínica nos encontramos con un paciente con el trastorno ya instalado es necesario rastrear cómo se originó en el sujeto y cuál fue el motivo; esto es una regla fundamental para entender por qué surge un trastorno de la alimentación y dilucidar cuál es la causa que lo desencadenó. A partir de allí se podrá iniciar el diseño del trabajo clínico, siempre teniendo en cuenta que es imprescindible en este tipo de patologías hacer un trabajo multidisciplinario junto a otros profesionales de la medicina (psiquiatras, nutricionistas, médicos clínicos), ya que al ser una patología compleja no alcanza sólo con el tratamiento psicológico, sino que debe abarcarse el problema en sus múltiples dimensiones.

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  • Daniel Stern enuncia que pueden existir fallas tanto del lado de la madre como del lado del bebé que perjudican la sincronía relacional de la interacción lúdica.

    Uno de los modos de desregulación de la interacción es la hiperestimulación donde el impulso inicial procede de la madre, por ejemplo cuando ella tiene un comportamiento entrometido, cuyo fin sólo se reduce a controlar, esto supone una interferencia con los comportamientos autorreguladores del niño, así si el niño desvía la mirada y esta acción no es respetada por su madre como un momento de relajación, el niño se ve dificultado en el acceso a su finalidad, se ve privado de uno de sus principales mecanismos autorreguladores para adaptarse al nivel de estimulación. Lo importante es que durante esta secuencia el niño pierde la posibilidad de aprender a regular con éxito el mundo exterior y su propio estado interno mediante el empleo de la comunicación emocional.

    Cuando un niño presenta cierto grado de retraso en su desarrollo puede suceder que los comportamientos de una madre que suelen resultar apropiados para un niño normal, aparecen como controladores o entrometidos. También se puede dar la situación que la madre incurra en estos comportamientos con el fin de forzar la capacidad de respuesta de su hijo a la estimulación.

    Otro tipo de disregulación en la interacción es cuando se da la hipoestimulación, esto es cuando el nivel de excitación y emoción desciende o se mantiene por debajo del nivel óptimo. Esto puede darse en madres que tienen trastornos en cuanto a la capacidad para llevar a cabo comportamientos sociales, ejemplos:

    Madres deprimidas: Son madres capaces de llevar a cabo todas las tareas prácticas relativas al cuidado de su hijo, pero se ven imposibilitadas de alegrar su rostro, su voz o movimientos para interactuar con su bebé, serán incapaz de jugar con su propio comportamiento a fin de jugar con su hijo.

    Daniel Stern habla también de madres restringidas en sus respuestas emocionales a causa de un proceso esquizofrénico; estas poseen una reducida capacidad para modular la intensidad y la riqueza de la estimulación que proporcionan a sus hijos.

    Otro caso son las madres con inhibición de la espontaneidad, o la madre normal, pero preocupada obsesivamente por pensamientos que no están relacionados con su bebé, o aquella madre que pasa por un proceso de resentimiento y rechaza al niño o su papel como madre.

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  • Familia 23.09.2019

    Lo que se hace a los niños, los niños harán a la sociedad. – Karl Mannheim (1893-1947); sociólogo alemán, de origen húngaro.

    Se denomina así al conjunto de síntomas que resultan del proceso por el cual uno de los padres, mediante distintas estrategias, manipula y transforma la conciencia de sus hijos con el objetivo de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor.

    Existen hoy en día distintas conflictivas familiares que llevan a que los hijos queden en situaciones de vulnerabilidad cuando se da la ruptura de la pareja, muchas veces se realizan entre los adultos acuerdos que dejan de lado la necesidad de los hijos, siendo estos sometidos a una decisión que en la gran mayoría de los casos en corto o largo plazo generara distintos síntomas.

    Cuando la pareja decide disolverse, inicialmente debería tenerse en cuenta que el duelo de la separación no sólo lo padecen los adultos que conformaban la pareja, sino que también lo sufren los hijos. El aislamiento de uno de los padres, la separación abrupta, el cambio en la cotidianeidad, el cambio de casa, son algunas de las situaciones traumáticas a las cuales es expuesto el niño y ante las cuales no puede decir nada, lo que lo pone en situación de rehén.

    Al no tener las herramientas simbólicas que poseen los adultos para enfrentar su realidad y al no poder decir por su inmadurez, su única forma de hacer notar su malestar y hablar es través de actos, a partir de la manifestación de síntomas. Muchos padres piensan que un niño hace síntomas solo por ser niño y que esto es algo que está dado por circunstancias que tienen que ver con la niñez; lo que en muchos casos no quieren ver es que un niño actúa la novela familiar, el niño es un emergente de la problemática familiar, él es quien pone su cuerpo y a través de los síntomas habla de su malestar.

    Los hijos que padecen este síndrome desarrollan un odio patológico e injustificado hacia el progenitor alienado (es quien recibe los agravios), lo cual provoca un deterioro de la imagen que el niño tiene del padre alienado y genera que para el pequeño esa figura parental sea de poco valor sentimental y social, no se siente orgulloso de su padre/madre como los demás niños. A partir de esto negará todo lo referente a esa persona. Esto no provocará daños físicos en el niño, pero tiene consecuencias devastadoras para el desarrollo psíquico.

    Este síndrome está considerado una forma de maltrato infantil, existen antecedentes judiciales en los que la justicia ha actuado contra dicho maltrato, que generalmente es causado por madres separadas movidas por el sentimiento de despecho o venganza hacia el padre de sus hijos.

    Algunos de los indicadores para poder detectar síntomas del síndrome de alienación parental son:

    • Impedimento por parte de uno de los padres de que el otro progenitor ejerza sus derechos de convivencia con sus hijos (no permitir que el padre/madre vea a sus hijos).
    • Desvalorizar e insultar al otro progenitor en presencia del hijo, tratando cuestiones de pareja que nada tienen que ver con el vínculo con los hijos.
    • Implicar al propio entorno familiar y a los amigos para que ataquen al ex cónyuge.
    • Subestimar o ridiculizar los sentimientos del niño hacia su padre.
    • Incentivar o premiar las conductas despectivas o de rechazo hacia el padre/madre.
    • Influir en los niños con mentiras sobre el otro progenitor al límite de generar miedo en el niño.

    Los niños que sufren este tipo de maltrato quedan indefensos e incapacitados para ayudarse a sí mismos, sólo les queda esperar a que los padres resuelvan sus problemas y así quedar liberados. Si el problema entre los adultos se prolonga demasiado en el tiempo o incluso no se resuelve, el niño queda abandonado y crece con pensamientos disfuncionales; esto refiere a que no sólo está el hecho de que el niño no podrá establecer relaciones positivas con el progenitor alejado, sino que también sus propios procesos de razonamiento serán llevados hacia patrones psicopatológicos.

    Los niños sufren y relacionan sus frustraciones con pensamientos o recuerdos asociados al padre/madre alejado, así desarrollan a medida que pasa el tiempo una tendencia a proyectar toda su negatividad psicológica sobre la imagen de este progenitor, lo que termina por destruir la imagen y a la larga la relación.

    Hay que entender que la disolución de la pareja no tiene por qué generar patologías en los hijos; si ambos miembros están de acuerdo con la separación, es imprescindible que tengan en cuenta que quienes dejan de tener un vínculo afectivo son sólo ellos, esto no tiene que darse también con los hijos, sino todo lo contrario, es necesario que busquen la forma más saludable tanto para ellos como para los hijos de llevar a cabo el proceso de separación. Dar lugar al diálogo y promover la relación entre los integrantes de la familia y no que sea una ruptura traumática. En lugar de dejarse llevar por los sentimientos de venganza y despecho, los adultos deben pensar en los hijos, en el impacto emocional y en las consecuencias posteriores para el desarrollo del niño.

    Muchos padres se escudan bajo el mito de que un niño por ser pequeño no entiende o que por ser precario su lenguaje no es capaz de darse cuenta de las situaciones de agresión. Está demostrado a través de estudios científicos que los niños aún en su vida intrauterina son capaces de diferenciar las distintas situaciones de estrés y angustia a las que está expuesta la madre, eso genera una marca emotiva en el bebé que luego de nacido si vivencia situaciones de agresión tanto físicas como verbales, quedando en el medio de discusiones entre los padres y siendo usado inconscientemente como objeto, como escudo para dañar a uno de los padres, enlazará la situación actual vivida a esa primera marca emotiva , reaccionando muchas veces con llanto o nerviosismo y angustia.

    Cuando se decide romper los lazos de pareja es interesante que los progenitores se den la posibilidad de buscar una orientación profesional de cómo llevar a cabo la separación sin que esto afecte negativamente a la familia, ya que como hice referencia anteriormente lo que se disuelve es la relación de pareja, no los lazos de familia, los cuales pueden continuar sin ser conflictivos.

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  • John Bowlby desarrolló una teoría actitudinal desde la etología. La etología estudia el comportamiento comparado entre el hombre y el animal. Bowlby con su teoría explica por qué los seres humanos tienden a construir lazos fuertes, selectivos, duraderos y cómo la disrupción o amenazas de disrupción de dichos lazos pueden ocasionar dolorosas emociones, ulteriormente psicopatológicas.

    La teoría del apego enuncia la propensión de los seres humanos a establecer fuertes lazos afectivos hacia otros. La conducta de apego es cualquier forma de conducta que tiene como resultado el logro o la conservación de la proximidad con otro individuo claramente identificado al que se considera mejor capacitado para enfrentarse al mundo.

    El apego en la relación madre-hijo supone que si la madre está capacitada para proporcionarle a su hijo la posibilidad de desarrollar un apego seguro con respecto a ella, el niño tendrá una base segura, esto dará como resultado la seguridad que puede explorar el mundo sabiendo que tiene en su madre un lugar seguro y de contención emocional al cual volver si se siente amenazado.

    Saber que la figura de apego es accesible y sensible le da a la persona un fuerte y penetrante sentimiento de seguridad y la alienta a continuar y valorar la relación.

    Bowlby enuncia que la conducta de apego es obvia en la primera infancia, pero puede observarse a lo largo de toda la vida de una persona, sobre todo en situaciones de emergencia. La función biológica que se le atribuye a esta conducta es la de protección.

    El desarrollo de la conducta de apego, que tiene como objetivo la conservación de la proximidad o de accesibilidad a la figura materna, exige que el niño haya desarrollado la capacidad cognitiva de conservar a su madre en la mente cuando ella no está presente; esta capacidad le permite al niño soportar la ausencia de su madre y reconocerla cuando regresa.

    Se establecen según la relación de la madre con su bebé diferentes pautas de apego, estas pautas están influidas por el modo en que los padres tratan al niño:

    Apego seguro: Es aquel en el que el niño confía en que sus padres serán accesibles, sensibles y colaboradores con él si se encuentra en una situación atemorizante. Teniendo esta seguridad el niño se atreve a hacer sus exploraciones del mundo.

    Apego ansioso resistente: Es aquella conducta que expresa un niño inseguro de si su madre o progenitor será accesible o sensible, o si lo ayudará cuando lo necesite. Esta pauta es favorecida cuando el progenitor se muestra accesible en algunas ocasiones y en otras no, también se da por las separaciones y por las amenazas de abandono utilizadas como control.

    Apego ansioso elusivo: El niño no confía en que cuando busque cuidados recibirá respuesta, sino por lo contrario espera ser desairado, así intenta volverse emocionalmente autosuficiente. Esta pauta es el resultado del constante rechazo de la madre cuando el niño se acerca a ella en busca de consuelo y protección.

    El desarrollo temprano nos abre una ventana a la comprensión de muchas patologías que se encuentran hoy en día.

    Es evidente la necesidad de conocer y profundizar temas relacionados con las primeras interacciones del niño con su entorno, ya que estas primeras interacciones son las que van a servir de basamento para todas las posteriores interacciones del niño con la sociedad, son las que van a determinar en el niño una particular manera de relacionarse.

    A partir del estudio de estas relaciones madre- hijo se podrá establecer el curso probable de las relaciones interpersonales, ya que son estas relaciones primarias las que influyen en el curso de las futuras relaciones, el niño en este período está aprendiendo lo que ha de esperar de otro ser humano, cómo tratar con él y cómo ser a su respecto.

    Es de suma importancia tener en cuenta esto, ya que es en este período del desarrollo cuando el niño va aprendiendo a estar con alguien, a comunicarse, a crear y compartir experiencias.

    El tener en cuenta todas las teorizaciones sobre las relaciones tempranas, el desarrollo del niño como producto de estas relaciones y su estructuración como sujeto en el seno de toda esta trama relacional, da la posibilidad a pensar que todo profesional de la psicología, y por ende de la salud mental, no debe ser ajeno a la importancia del desarrollo de esta etapa vital del sujeto, ya que con quien nos encontramos en el análisis es con el niño mítico, reconstruido a partir de la sesión analítica.

    Es de suma importancia el desarrollo de estas temáticas que se evidencian en el día a día, y en las patologías que llegan a la clínica, porque esto deja ver lo importante de las relaciones primarias y el desarrollo temprano.

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  • Terapia de Pareja 14.08.2019

    relaciones de parejaEl amor implica un fenómeno tan raro que se puede vivir toda la vida sin encontrar el ser a quien la naturaleza ha concedido el poder de hacernos feliz. – Honoré de Balzac (1799-1850); escritor francés.

    Cuando hablamos sobre relaciones de pareja es interesante comenzar a delinear la temática desde el inicio de la pareja. Es en este tiempo de constitución cuando se dan los procesos pilares que, si se logran mantener fuertes, darán como fruto una relación de pareja saludable.

    Inicialmente en el proceso de elección de una pareja hay un impacto, una atracción que deslumbra a la persona, el sujeto siente que esa persona quizás sea la indicada como compañera de vida. Cuando ve a la persona experimenta distintas emociones, nerviosismo, no saber qué decir, sentirse paralizado, etc. Esta atracción física primaria se estabiliza cuando se da un lazo comunicacional y así se dan otros tipos de deslumbramientos que generan una cautivación en el sujeto.

    Todo lo que su pareja hace o dice le parece fascinante, siente que son iguales, le atrae su forma de ser, de hablar, de pensar, su sensibilidad, su alegría, siente que esta persona lo complementa, que es perfecta, que jamás sintió algo igual y comienza a darse la creación ilusoria de un posible futuro juntos.

    Este primer proceso que hemos detallado es lo que Freud ha nombrado como período de enamoramiento, el cual puede durar varios meses y contiene identificaciones e idealizaciones. Identificaciones en el hecho de creer que esa persona es igual a mi e idealización en el sentido de elevar a esa persona como portadora de todas aquellas virtudes que anhelo en mi.

    Así van pasando los días, tal vez los meses e incluso los años en una pareja, y en este andar van apareciendo las diferencias. Aquello que les parecía tan maravilloso ya no lo es tanto, comienzan a darse discusiones y hasta rechazos de contacto físico; antes querían estar todo el tiempo juntos, ahora sienten que tanto contacto llega a asfixiar.

    A la luz de la pareja, pareciera que de pronto todas esas cualidades angelicales se tornasen más bien terribles defectos. Estas diferencias que lograron la unión ahora podrían convertirse en el peor enemigo de la relación.

    Las diferencias alimentan la relación, pero también la empañan cuando no es posible manejarlas o tolerarlas. Muchas parejas inician sus relaciones llenas de ilusiones y expectativas, entre ellas que la pareja siempre va a ser y a estar de la misma manera, pero lo que antes era un valor y un aprecio ahora se convierte en un fastidio y una obligación que va desgastando la relación conyugal.

    Aquí es donde vemos caer el velo del enamoramiento y la realidad se presenta tal cual es, al aparecer las diferencias y derrumbarse las idealizaciones la pareja pasa por una etapa de reelección y revalorización del otro, se pone en la balanza si es más fuerte el amor que se siente por la persona o la desilusión de ver que no es quien se creía que era. Equilibrar la balanza es poder comprender y aceptar que el otro es diferente, que tiene defectos y virtudes y dejar de lado la idea de cambiar a la persona para que se acomode a lo que “yo” quiero que sea. Si se logra superar esta prueba la pareja se estabiliza, surgiendo así el verdadero amor que va mas allá de la atracción física, aparece el amor de pareja, se da un proceso de reelección de esa persona como aquella persona que va acompañar el camino de la vida, se plantean nuevos objetivos y se comienza una nueva etapa en el proceso de armado de la relación de pareja.

    Algunas veces se intenta forzar la situación para que la pareja funcione, esto lleva a una relación tóxica, nada sana, con una base poco firme. Toda relación tiene componentes adictivos, los cuales no son malos, el problema es cuando el “te necesito” se convierte en un controlador absoluto de la pareja e impide que cada uno de lo mejor de sí.

    En estos casos la persona siente que tiene que convertirse en algo que no es para estar en esa relación, no se reconoce en sus propias acciones, la relación ya no es lo que esperaba, la relación no le está dando lo que necesita sino que obtiene sólo sentimientos de infelicidad. Sin embargo sigue sosteniendo la relación aún sintiéndose incómoda; hay algo inconsciente que le impide tomar una decisión acerca del sostenimiento de la relación.

    Uno de los indicadores que vemos en una relación insana es la falta de libertad, ya no se puede amar libremente al otro como es, se generan sentimientos de ambivalencia amor-odio (esto es lo que más evidencia una relación tóxica).

    La forma de relacionarse que tiene cada sujeto en todos los ámbitos de su vida viene anclada a su más temprana infancia, teniendo como base las formas de relacionarse que aprendió, a partir de la pautas de apego que estableció con sus padres, concepto desarrollado fundamentalmente por John Bowlby.

    Estas pautas se ven en cada una de las relaciones que establece la persona y a partir de ahí podemos desentrañar el porqué de ciertas conductas dentro de la relación y el porqué muchas veces se sostienen las relaciones tóxicas más allá de la salud mental de los integrantes.

    Lo que desde la terapia psicológica se puede hacer es indagar en la historia de la pareja para saber a partir de qué base se formó esa pareja y establecer nuevas pautas para lograr, si los integrantes desean intentar salvar la relación, un nuevo comienzo partiendo de objetivos comunes y buscando la reivindicación de la vida conyugal.

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  • Adolescencia 21.07.2019

    “Si yo fuera valiente me suicidaría, pero he esperado tanto tiempo que es cuestión de jugar un rato más y que el tiempo me suicide” – J. L. Borges

    Ante esta temática tan preocupante vale comenzar con interrogantes: ¿Por qué el suicidio adolescente se ha instaurado como una problemática en este último tiempo?, ¿Qué lleva a un adolescente a pensar que su única salida es la muerte?

    El acto suicida se enlaza a los grandes cambios culturales y económicos que han ocurrido en la última época en nuestras sociedades. Estos cambios han llevado a que grandes grupos humanos queden por fuera de lo que es nuestro sistema. La cultura posmoderna con sus innovaciones y sus tiempos tan breves suele banalizar lo nuevo y promover el goce ilimitado, permisivo, sin restricción; pero este sentimiento del “todo poder” es difícil de sostener, en ciertas ocasiones el sujeto se encuentra imposibilitado psíquicamente para soportar las insatisfacciones y esto nos lleva a encontrarnos con el famoso malestar en la cultura, donde ya podemos ver el acto suicida como un acto más de agresividad, solo que esta agresividad esta re-direccionada hacia la propia persona.

    Se discriminan dos modalidades de aniquilación, la que está dirigida hacia el mundo exterior, que se despliega sobre personas, familia, grupos y por otro lado la violencia dirigida hacia el propio yo, el suicidio en sí, la auto-aniquilación, que engloba tanto los accidentes como el suicidio.

    En la actualidad muchas veces se escucha que las personas ante la muerte preferirían una muerte rápida, sin sufrimiento, como un quedarse dormido sin despertar.

    El suicidio puede ser consciente o inconsciente, pero responde a un proceso inconsciente y se suele manifestar mediante accidentes. El sujeto muchas veces puede aprovechar hábilmente una situación exterior y conducirla hasta producirse el daño perseguido. Esto es evidente en los adolescentes donde muchas veces estas situaciones externas rozan con el límite, son ejemplos: Juegos con armas, consumo excesivo de alcohol, exceso de velocidad, consumo de diferentes sustancias, etc. Freud al respecto nos dice: El yo se deja de lado porque se siente perseguido por el superyó y en un intento de suprimir el peligro se aniquila a sí mismo; si a esto lo pasamos en limpio, lo que vemos es una persona que no puede pensarse ni dimensionar el daño que puede ocasionarse, sólo puede sentirse perseguida, ahogada por las exigencias puestas desde el exterior como desde su propio interior; y en un intento desesperado por encontrar una salida lo único que termina encontrando es su propio fin.

    La muerte está en el accionar constante de estos sujetos, siempre están caminando por el borde de la cornisa desafiando todo. Esta especie de jugueteo con la muerte no hace más que agregar a su existencia el poder sentirse por un momento dueño de su propia vida, sentirse ser en el accionar, sentirse sujeto que enuncia, que tiene palabra y no uno más entre la muchedumbre. Este malestar en la cultura nos muestra la más cruda realidad descarnada de que quien no enuncia no existe y pone al sujeto el rotulo de ser uno más, cuando en realidad lo que el sujeto desea es poder ser en el montón. Esta desilusión es la que lleva al recogimiento del yo, a resguardarse, al anonimato, al enmudecimiento. Aquí ya no vemos angustia como señal de que algo anda mal; en estas instancias vemos dolor que es más bien una apatía que deriva en una herida, una hiancia (vacío), por donde corre una hemorragia narcisista. Se trata de una perdida de energía que implica el dolor.

    El deseo suicida se enlaza a una especie de autocastigo y autorreproches dirigidos al yo. En ciertas situaciones estos castigos del superyó son tan fuertes que el sujeto sólo puede pensar en callar estas voces del inconsciente, pero sólo lo logra matándose a sí mismo.

    En estos intentos quien se mata no se mata a sí mismo, se mata intentando salvarse de la crueldad del superyó, pasa que en ese intento desesperado no se da cuenta de que el superyó forma parte de sí mismo. Tampoco es un acto egoísta, necesita dejar de sufrir para poder volver a vivir, así ya no puede seguir viviendo.

    En la adolescencia son palpables estos momentos de recogimiento yoico (relativos al yo), quienes rodean al joven deben ser lo más astutos posibles para advertir en qué momentos éste va dando señales de su sufrir y buscar inmediatamente la ayuda profesional necesaria para guiar el proceso melancólico y que no termine con un intento de aniquilación.

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  • Al ser el niño el protagonista es indispensable comenzar destacando la definición de niño que nos brinda el psicoanálisis.
    Distanciándose de la psicología y la pedagogía que plantean a un niño evolutivo, que a cada momento le corresponden ciertos estadios esperables, niño es un ideal evolutivo.

    A diferencia de lo anteriormente expuesto para el psicoanálisis, no se trata de un niño que está determinado por etapas evolutivas, sino todo lo contrario.

    El niño, ya antes de nacer, porta los emblemas paternos; esto marcará al nacido, que irá produciendo su subjetividad en los intentos de relación con el Otro (la referencia al Otro, es a quién está ligado el niño a partir de su crianza: padres, maestros, tutores).

    Freud plantea al niño como un sujeto en vía de construcción. Esta conformación de su subjetividad requiere a su vez que el niño sea capaz de ir desatándose de las marcas del Otro.

    Desde esta misma línea teórica la psicoanalista Françoise Dolto reconoce al niño desde su más temprana infancia como sujeto de sí mismo. A lo largo de su obra, dicha autora intenta sacar al niño de su estatuto de infante, cuya etimología significa aquel que no tiene derecho a la palabra.

    Siguiendo el pensamiento freudiano, se piensa a la infancia como un periodo traumático atravesado por lo pulsional (el deseo de hacer) que desborda al aparato psíquico, pero que a su vez lo constituye. En la infancia se producen movimientos de afectos importantes que llegan a desbordar al sujeto exponiéndolo a efectos traumáticos.

    De acuerdo al concepto que los adultos tengan del niño así será esperado, libidinizado y sostenido afectivamente.

    Haciendo un poco de historia, en la edad media socialmente no existía la categoría de niño o la misma era muy ambigua. Desde el registro especular se pueden observar pinturas de época donde los niños vestían como adultos, teniendo asignadas tareas dentro y fuera del hogar.

    Con la llegada de la escolarización, que se inicia entre los siglos XV y XVI, se comienza a definir de qué se trata un niño, pero no cómo se trata a un niño.

    De algún modo la educación hace a la norma, pero cinco siglos después hay algunos que siguen viendo a los niños desde la norma, obviamente desde el campo adulto, donde se va constituyendo el niño y con rigor. Cuando un niño no es lo esperado, desesperadamente se busca de algún modo normativizarlo como se desee, alienando al niño que no podrá actuar conforme a su deseo.

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  • El psicoanálisis ha realizado importantes aportes en lo que respecta al destete y al control de esfínteres. Cabe mencionar la gran contribución llevada a cabo por la psicoanalista Françoise Dolto, quien describe el desarrollo del niño como una serie de castraciones, entre las que destaca: la castración umbilical ubicada en el nacimiento, la castración oral que abarca el destete y la castración anal que se relaciona con el momento de la marcha y el abandono del pañal.

    Cada una de estas castraciones conduce al niño a abandonar un mundo para abrirse a otro nuevo. Estas funcionan como una especie de prueba que le permiten crecer y humanizarse. En el pasaje de esta serie de castraciones el niño debe contar con la ayuda de los padres para poder atravesarlas con éxito.

    Para esta autora la lactancia o el biberón no representan tan sólo la satisfacción de una necesidad alimenticia, ya que se trata de un contacto corporal y de comunicación, el bebé es también un ser de deseos. Por ello, dicha autora refiere: “hay que castrar la lengua del pezón para que el niño pueda hablar”. (Dolto, 1992).

    Renunciando al pecho y a la leche, el bebé vuelve a renunciar a un estado de fusión con su madre. Al distanciarse y liberar la boca, adquiere la posibilidad de hablar. Es imprescindible en esta época que la madre aporte al niño una inmersión en el lenguaje.

    En lo que respecta al retiro del pañal, Dolto plantea que los pañales se deben quitar cuando el niño ha adquirido el control muscular necesario y no a una edad preestablecida. Este momento guarda relación con el andar del niño, cuando este se aleja de su madre para descubrir el espacio.

    Otro de los psicoanalistas que ha contribuido a la explicación del control de esfínteres es Freud, quien plantea que las heces y la orina son consideradas por el niño como regalos que este hace a la persona amada. En relación a esto Freud en su obra “Sobre las transposiciones de la pulsión, en particular del erotismo anal”, sostiene: “La caca es el primer regalo, una parte de su cuerpo de la que el lactante se separa a instancias de la persona amada y con la que le testimonia también su ternura sin que se lo pida, pues en general no empuerca a personas ajenas. (con la orina se producen reacciones parecidas, aunque no tan intensas). En torno de la defecación se presenta para el niño una primera decisión entre la actitud narcisista y la de amor de objeto. O bien entrega obediente la caca, la sacrifica al amor, o la retiene para la satisfacción autoerótica, o más tarde, para afirmar su propia voluntad”. (Freud, 1917).

    Melanie Klein plantea que, durante los primeros meses, una parte esencial de la vida emocional del bebé está determinada por la lactancia. Sea cual fuere la calidad de los cuidados, ella se caracteriza por la sucesión y repetición de experiencias de pérdida y reencuentro. Así nace en el niño el sentimiento que existe un objeto bueno (pecho, madre) que gratifica y es amado, y un objeto malo, perseguidor, que frustra y es odiado. Paralelamente a estas experiencias que implican factores externos, los procesos intrapsíquicos, sobre todo la proyección y la introyección contribuyen a reforzar el clivaje del objeto primitivo: el bebé proyecta sus mociones amorosas y las atribuye al pecho gratificador “bueno”, así como proyecta al exterior sus mociones destructivas y las atribuye al pecho frustrante “malo”. Al mismo tiempo, por introyección, se constituyen en su interior un pecho bueno y un pecho malo. Lo que se denomina pecho bueno se convierte en el prototipo de lo que a lo largo de la vida será beneficioso y bueno, mientras que el pecho malo representa todo lo malo y persecutorio. (Klein, 1943)

    Este clivaje es un mecanismo de defensa que busca mantener lo terrorífico separado del objeto amado y protector, posibilitando así al yo una relativa seguridad. Es la condición previa a la instauración de un objeto bueno interno, a la cual llegará el yo una vez definida su posición.

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Psic. Pamela I. Arriola

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